Gobierno, medios y ciertas ONG repiten el mismo diagnóstico: el problema de la educación argentina es que los docentes faltan. La frase parece evidente, casi naturalizada. Pero su potencia no está en lo que explica, sino en lo que permite ocultar. Porque mientras se señala al aula, se evita discutir lo central: el ajuste, el financiamiento y las condiciones estructurales en las que hoy se enseña.